En el año 2001 aparecen los primeros sitios sociales de Internet. Hacia 2003 nacen Friendster, Tribe y Myspace; servidores de red que permiten la interacción entre usuarios y facilitan la creación de perfiles y etiquetas acerca de gustos o necesidades de los navegantes. Al poco tiempo, Google lanza Orkut y Yahoo crea Yahoo360º, en los años 2004 y 2005, respectivamente. Del.icio.us, Facebook y otros de reciente factura (como el popular Tuenti) componen un gran conglomerado de redes sociales: un espacio interactivo y más o menos abierto a diferentes clases de público. Bajo la aparente simplicidad de funcionamiento de cada uno de estos directorios se oculta todo un haz de comportamientos sociales y la curiosa adaptación de los mismos al universo de la Web 2.0.

La dialéctica entre usuario y servidor social podría ser estudiada desde perspectivas múltiples. Una posible vía sería la consideración de los valores de carácter regionales para explicar la proliferación diferente de la sociedad de redes en una u otra zona geográfica. Generalizando, en el caso de España, Chris DeWolfe (fundador de MySpace) confesaba en una entrevista concedida al diario El Mundo encontrar en nuestro país un rico filón de adeptos a los nuevos métodos de relación a través de Internet. DeWolfe veía que la población española contaba entre sus cotidianos anhelos el de comunicar y entablar conversaciones acerca de cualquier tema procedente de sus entornos más o menos inmediatos. Hablaríamos, por lo tanto, de un trasvase de comunicación o una extensión de la misma desde el medio físico de los puntos de reunión en las urbes hacia los enclaves digitales de la Net. El fenómeno implica el surgimiento de consecuencias sociológicas como la culturización tecnológica de la población, u otras lingüísticas como la mutación del español coloquial en la conversación. Sin embargo, las que más nos interesan en este artículo serían las vinculadas con la conformación de entramados interpersonales novísimos y de dimensiones si no vastas, considerables.
Es un aspecto claramente definido la preferencia de sectores generacionales que llevan a la identificación de públicos homogéneos dentro de un mismo servidor social, pero distintos en comparación a otro servidor. Esa segregación por edades, en la que siempre existen excepciones y parece atenuarse en determinados casos, origina la tendencia de los usuarios a preferir cierta red social con cuya comunidad pueda más fácilmente identificarse. Por poner un ejemplo, véase la joven comunidad que alberga el casi recién nacido Tuenti. Compárese, ahora, esta comunidad con otros directorios relativamente atávicos como Friendster o Tribe. Las redes sociales, sin embargo, ayudan a la proliferación de acercamientos entre navegantes con edades ligeramente distanciadas: lo que prima son los gustos, los temas de interés comunes, la cercanía geográfica y, muchas veces, cualquier ítem de parentesco o amistades compartidas casualmente descubierto, así como coincidencias en la trayectoria biográfica o profesional de los usuarios.
En muchos de estos servidores existe la opción de establecer filtros de búsqueda, iguales que los del perfil del nuevo usuario, que ayuden a detectar en la red social posibles “nuevos amigos”. Llama también la atención la manera en que cualquiera de esas relaciones (suelen destacar las geográficas y biográficas) que en “el mundo físico” serían seguramente irrelevantes, sirven de excusa para iniciar un conocimiento mutuo en la red social; conocimiento que en contadas ocasiones puede desembocar en un encuentro o una relación en el mencionado “mundo físico”. En la mayoría de los casos, el progreso comunicativo con la comunidad en general se basaría en un acercamiento complementario: proveniente tanto del ámbito físico como del propio de la red. Sería factible hablar, así, de una retroalimentación entre los dos ámbitos de relación con la comunidad, al igual que de una clasificación de dos tipos de usuarios “amigos” de nuestra comunidad: los conocidos antes de ingresar en la red social y los encontrados con posterioridad a dicho ingreso.
Universidad de Navarra
Es un aspecto claramente definido la preferencia de sectores generacionales que llevan a la identificación de públicos homogéneos dentro de un mismo servidor social, pero distintos en comparación a otro servidor. Esa segregación por edades, en la que siempre existen excepciones y parece atenuarse en determinados casos, origina la tendencia de los usuarios a preferir cierta red social con cuya comunidad pueda más fácilmente identificarse. Por poner un ejemplo, véase la joven comunidad que alberga el casi recién nacido Tuenti. Compárese, ahora, esta comunidad con otros directorios relativamente atávicos como Friendster o Tribe. Las redes sociales, sin embargo, ayudan a la proliferación de acercamientos entre navegantes con edades ligeramente distanciadas: lo que prima son los gustos, los temas de interés comunes, la cercanía geográfica y, muchas veces, cualquier ítem de parentesco o amistades compartidas casualmente descubierto, así como coincidencias en la trayectoria biográfica o profesional de los usuarios.
La 2 Noticias
En muchos de estos servidores existe la opción de establecer filtros de búsqueda, iguales que los del perfil del nuevo usuario, que ayuden a detectar en la red social posibles “nuevos amigos”. Llama también la atención la manera en que cualquiera de esas relaciones (suelen destacar las geográficas y biográficas) que en “el mundo físico” serían seguramente irrelevantes, sirven de excusa para iniciar un conocimiento mutuo en la red social; conocimiento que en contadas ocasiones puede desembocar en un encuentro o una relación en el mencionado “mundo físico”. En la mayoría de los casos, el progreso comunicativo con la comunidad en general se basaría en un acercamiento complementario: proveniente tanto del ámbito físico como del propio de la red. Sería factible hablar, así, de una retroalimentación entre los dos ámbitos de relación con la comunidad, al igual que de una clasificación de dos tipos de usuarios “amigos” de nuestra comunidad: los conocidos antes de ingresar en la red social y los encontrados con posterioridad a dicho ingreso.
El tipo de ingreso y las funciones comunicativas que el usuario decide otorgar a la vía física o a la de Internet son dos puntos fundamentales para entender la dinámica de las redes sociales. En lo que respecta al tipo de ingreso, se discierne entre “ingreso libre” e “ingreso por invitación”; lo cual conlleva a su vez dos crecimientos relativos: el geométrico (para el de invitación) y otro menos predecible que, quizás, consiguiese ser exponencial (para el libre). Otro aspecto correlativo al ingreso sería la posibilidad que ofrecen algunos de los servidores de importar listas de contactos creadas anteriormente con aplicaciones como Messenger.
Por último, la citada división funcional comunicativa en “mundo real” y “mundo de Internet” serviría como conclusión a todo lo ya expuesto. La retroalimentación descrita en el tercer párrafo no es ni mucho menos equilibrada. Normalmente la lista de funciones comunicativas complementarias para uno u otro ámbito es asimétrica. Los ejemplos más extremistas los encontramos en usuarios volcados a uno u otro lado de la línea divisoria: los que reducen su socialización a la red social de Internet y los que desconocen y no emplean estas herramientas cibernéticas. La balanza de los dos comportamientos, que no son tan fácilmente identificables, será en un futuro muy próximo una de las esencias en el estudio de la construcción de comunidades humanas.

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